Orilla de los grandes ríos

Víctor Quezada

Diario abierto (2020)

Hacia el año 2009 o 2010, comencé a anotar el presente, sin mayor propósito, sin ninguna rigurosidad o frecuencia preestablecida. He decidido, ahora, exponer esos apuntes que brotan cuando se “deja de escribir”, la escritura que media la distancia entre un libro y otro, bajo la condición de continuar con esta práctica y publicar esas notas durante un tiempo indefinido.

Este es un diario abierto.
Junio, 2016.

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1019.
Continúa el año. No termina o empieza. El tiempo abierto: los 14 años de movilizaciones de los secundarios, los treinta años de democracia, los más de cuarenta de la dictadura, el gran tiempo de las divisiones históricas.
De pronto se acabó el calendario, se abrió la tierra y todos los tiempos mostraron la beligerancia del presente.

1020.
Amanece. La mañana me toma en sus brazos para ponerme en la calle. Camino suspendido sobre el día, segundo del nuevo año. Las paredes recién pintadas la noche anterior. La noche que deja –refugiada en su propia penumbra– una huella de olvido y violencia sobre las cosas.

1021.
Decía la verdad
La verdad hermano
Ladraba yo
Estaba
Diciendo la verdad
.....Al río. La luna
.....De noche. Perro
Decía la verdad
La verdad ladraba
.....Al río. A la luna
.....De noche

1022.
Bulldozers arrastran escombros hasta la gran grieta.

1023.
La ciudad, no existe ningún lugar en la Tierra para quien la busque. Está bosquejada en los cielos, como un patrón para quien quiera verla. Para que, al verla, encuentre la ciudad en su interior.

1024.
El viernes inmediatamente posterior al Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, la Plaza Italia, rebautizada Plaza de la Dignidad, amaneció cubierta por un manto blanco; la estatua de Baquedano, coronada por la palabra paz. Esta, como tantas otras acciones de despolitización (las capas de pintura que cada cierto tiempo aparecen sobre las paredes para tapar rayados, el discurso de la criminalización) tienen el propósito de volver al “orden social”, censurar, silenciar, negar, ya no la validez, sino la posibilidad misma del disenso y sus expresiones políticas.
Hoy los muros de la calle Moneda, camino a la Biblioteca Nacional, amanecieron de nuevo pintados de blanco, gris o amarillo. Cada día parece más racional, más lógico y premeditado el discurso de la política que, por un lado, blanquea la violencia del Estado y, por otro, cubre las expresiones de lo político.
Entiendo que tras estas acciones hay un diagnóstico preciso del riesgo que corre la ciudad propia / la ciudad ilustrada con la reverberación de estas expresiones llenas de vida beligerante: el de exponer la fisura que constituye lo común, como objeto de la política; la comunidad, como opción afirmativa de la democracia frente al desmoronamiento de las lógicas de representación; la sociedad, como manifestación del Estado. Imágenes todas de la división, la separación de quien no quiere reconocer su parecido con quien considera inferior y deja debajo; de quien no quiere reconocer su cercanía con quien tiene al lado y deja afuera, desplaza y aleja.
La sociedad se funda en una piedra rota (wut walanti, lo irreparable - Rivera Cusicanqui) y la política no puede sino negar esta realidad, no puede sino encubrir su propia violencia (caracterizada como orden, control, seguridad, democracia, bien) pues arriesga su colapso.
La ciudad está edificada sobre la base de la violencia de sus distancias, sobre la violencia de sus jerarquías, la violencia que, en sus versiones más simples, necesita acabar con el otro (gestionar su vida) convirtiéndolo en enemigo, en el mal. Pero otro asunto vibra en las imágenes del manto, del velo que cubre las murallas de noche, cuando dormimos, idealmente, en nuestras propias camas. En términos simbólicos, el manto, el velo blancos funcionan como los amuletos, conjuros, los objetos rituales, tienen una función apotropaica: mantener alejado el mal en la cercanía de su práctica.

1025.
El precioso brazo
Sus hermosos poros

Forma pura y bella

El precioso brazo
Armado
De la ideología

1026.
Y la fisura es tan profunda que hiende el espíritu. En otras palabras, me constituye como sujeto. Las mismas divisiones (sociales, raciales, de clase, de género) que desprecio en otros forman las mesetas del interior.
Esa misma distinción, entre un adentro –como privilegio del diálogo reflexivo– y un afuera comunicativo, de relación con el mundo, de oclusión o absurdo; esa distinción tan apreciada por mí, por la que puedo decir que me entiendo cuando susurro la verdad en mi oído –la verdad escuchada: sonora, tibia, húmeda, es diferente de la verdad dicha: sonido, temperatura, humedad–; esa distinción entre un adentro y un afuera, entre lo particular de mi verdad y la generalidad de la verdad, habrá que dejarla. Ya no hay más un interior que soporte un exterior abstracto; no más adentro que sostenga la actualidad del afuera y su violencia.

1027.
Pretender escribir fuera / de la historia; asumir la posición del sobreviviente; ofrecer un recuento doloroso de las pérdidas y las posibles ganancias es parecido a salvarse / solo, conjurar el peligro, querer ocultar la continuidad de la muerte. Pero yo / solo / puedo hablar de mis muertos. Aunque no sean los muertos que ame.

1028.
Hundo la cara en los brazos y duermo. Porque en el sueño los brazos son espesos. Porque en el sueño los brazos son verdes.

Digo yo, pero es otro el que duerme sobre el pasto.

1029
Arriba
De noche
Sosteniendo el mundo
Un dron.

1030
Cuando se dice –de noche–
Una hoja en blanco. No se dice
Alguna hoja blanca. Se dice

Cae la nieve blanca de noche

Sobre los cuerpos y las cosas
Que reciben los golpes
De la nieve

En el campo abierto
En el monte verde.

1031
¿Quién duerme sobre el colchón del agua / fresca
Cubierto por la manta del verano sobre el río?

1032
Mientras afuera continúa la revuelta, yo busco la suavidad del cuerpo desnudo. Convencido de estar desnudo.

1033
“Quienquiera que recibía el disparo quedaba
cubierto de nieve de inmediato,
porque la nieve estaba cayendo”.
Reznikoff. Holocausto.

1034
Oh ugly time, and space,
and uglier snow-storm than all!
Were you happy in Northampton?
E. Dickinson. Carta a Emily Fowler.

1035
El argumento general de la discontinuidad entre representación y realidad. El argumento de la opacidad de las imágenes funciona (cuando funciona / cuando es funcional) como una verdad que apunta a la desnaturalización de las relaciones entre lenguaje y mundo: relaciones tradicionalmente entendidas como indiciales, de referencia, de correspondencia, de semejanza, de identidad. Pero no todo se reduce a eso, al vínculo del signo con su objeto.

1036
Es cierto. El lenguaje no es el mundo. Puede muy bien no referir, ser inefectivo en su relación de continuidad con la realidad (cuando se dice –de noche–: una hoja en blanco; no se dice, por ejemplo, alguna hoja blanca), pero el lenguaje –a pesar de su trivial arbitrariedad (que dice: la relación entre significante y significado es inmotivada, convencional)–, el lenguaje cubre el mundo.

1037
Discontinua, arbitraria, esta distancia marca otra distancia ontológica: la ausencia de correspondencia entre hecho del lenguaje y hecho del mundo (una hoja no es una hoja / blanca), pero el lenguaje es el mundo de una vez por todas, aunque no se corresponda con él (una hoja en blanco es un gran manto / blanco, una sábana blanca). El lenguaje cae lento, atajado por el aire, sobre todos los cuerpos, los envuelve: nieve / que cae blanca sobre las cosas.

1038
El lenguaje es uno con el mundo. No se le opone. No corresponde a una realidad abstracta, otra, por la que la brutalidad de los hechos (la brutalidad policial, por ejemplo) se imponga sin mediación, como violencia pura y natural.
Lenguaje versus mundo; realidad versus representación, imagen versus referente. Son distinciones teóricas, abstractas, fundadas en intereses políticos y económicos.

1039
Respecto de la producción de verdad de “las ciencias”, hace ya más de cuarenta años, Monique Wittig demostró la funcionalidad de la distinción entre naturaleza y cultura.
En el marco de lo que llamó “pensamiento heterosexual” –ese sistema de dominación que al crear categorías para leer la realidad, crea la realidad que intenta leer–, es visible la rentabilidad de la diferencia sexual: allí donde “mujer” es “naturaleza”, “hombre” es “cultura”; de lo que se sigue: la explotación económica de la naturaleza se llama progreso.

1040
La primera y crucial división respecto de lo común, como claramente lo indica Wittig, es la separación entre lenguaje y realidad. Separación que el metalenguaje en las ciencias y los universalismos en la política promueven.
La promoción de esta división como verdad analítico-política se sitúa como respaldo argumentativo de las diversas divisiones que constituyen la actividad económico-afectiva de cada unx de nosotrxs. Entre estas, las divisiones: sexual, de clase, del trabajo; configuran una economía completa, una filosofía completa, una educación completa y, así, la idea problemática de lo común.

1041
El valor de esta perspectiva crítica, que apunta al universalismo para exponerlo como construcción ideológica, en su doble dimensión retórica y material: las palabras cubren la dominación, pretenden convertirla en naturaleza.

1042
Esta conceptualización de la división entre lenguaje y mundo en tanto hecho, dato de lo político, implica volver a pensar, pensar de otro modo, poner en duda, cuestionar, reconstruir o abandonar las categorías con las que comprendemos el mundo.

1043
Presentiment – is that long shadow – on the Lawn –
Indicative that Suns go down –

The Notice to the startled Grass
That Darkness – is about to pass –
E. Dickinson. 764.

1044
Despertar en medio de la noche – agobiado por la picadura del mosquito. Despertar afiebrado por la hinchazón en la coyuntura de las falanges, media y proximal, del índice izquierdo: pequeño bulto, duro y rojizo, que palpita en la mano, mientras afuera las brigadas del conservadurismo cubren rayados e imágenes; tachan, escriben PAX ET BONUM sobre otras frases, tratando de usar las estrategias del enemigo. Inscriben su versión del bien, su versión de la felicidad.

1045
Puedo ser feliz en el horror,
puedo ser feliz en el fascismo,
puedo ser feliz contra tu cuerpo.
Contra la suavidad de tu cuerpo,
mi mejor arma, mi más querido brazo.

1046
Algún conocido me dice que exagero, que las borraduras tienen otra explicación. Pero yo creo en verdad que no hay salida. Del lenguaje no se sale, aunque uno pueda moverse en las fisuras del mercado, evadir, luchar contra el lenguaje –forma sutil y hermosa de la violencia–.

1047
La concordancia / la correspondencia / el valor indexical son mitos que dicen: el lenguaje es discontinuo de la realidad; mitos que pretenden garantizar esa división (nunca desinteresada, siempre funcional) entre lenguaje y realidad.

1048
Una hoja blanca no es una hoja blanca, no porque no se parezca a una hoja de celulosa lavada, no porque lo que conocemos como una hoja blanca de pronto tenga un significado distinto.
No es por su semejanza, por su continuidad existencial, por su carácter convencional (no es por las relaciones que el signo entabla con su objeto) que el lenguaje es solidario con lo real.

1049
El lenguaje actúa sobre la realidad, en principio, por su atadura a una concepción diferencial del ser, que se materializa particularmente en la puesta en paradigma; y, luego, por sus condiciones ideológicas de producción (estético-políticas / bio-políticas / socio-políticas) que aseguran tanto su vínculo con un conjunto de instituciones, procesos y prácticas económicas como la producción de las categorías, signos y bienes que alimentan el ciclo de consumo y subjetivación.

1050
“La comprensión popular de la pornografía como grado cero de la representación se asienta sobre un principio sexotrascendental, que podríamos denominar ‘platonicismo espermático’, según el cual la eyaculación (y la muerte) es la única verdad (…): filmar ‘lo real’, la eyaculación, la muerte, en tiempo real, más aún, hacer coincidir ontocinemáticamente muerte y eyaculación. Lo propio de la pornografía dominante es producir la ilusión visual de la irrupción en lo real puro (…).
La hegemonía actual de la industria cultural no-pornográfica deriva de este axioma moral que hace de los órganos llamados sexuales (…) objetos extra-cinematográficos (…), cuyo valor de ‘verdad’ no puede ser absorbido por la representación y transformado en performance. Pero detrás de esta hegemonía se oculta el deseo de la industria cultural de afectar los centros tencoorgánicos de la producción de la subjetividad (…) con la misma eficacia que lo hace la pornografía. La industria cultural es envidia del porno. La pornografía no es simplemente una industria cultural entre otras, sino más bien el paradigma de toda industria cultural. De modo particularmente límpido, la pornografía, con su circuito cerrado excitación-frustración-excitación-capital, ofrece la clave para comprender cualquier otro tipo de producción cultural postfordista” (Preciado. Testo yonqui, p. 182-183).

1051
El cinematógrafo de los Lumière tenía la capacidad de filmar y proyectar imágenes. La primera proyección realizada con el cinematógrafo se realizó en diciembre de 1895 en París. La primera proyección que se llevó a cabo en Chile, se realizó un año después por empresa de Luis Oddó.
Hoy, las imágenes se transmiten, descomponen y recomponen en unidades binarias, son visualizadas en las pantallas que median nuestra relación cotidiana con el mundo. Hoy, las pantallas ubicuas proyectan su luz azul sobre nuestros cuerpos. Así como afuera la nieve cae sobre todo.

1052
La desnudez imaginada del cuerpo. No se puede estar desnudo. Solo en la medida en que me convierto en imagen para otro: imagen de deseo, objeto de poder, de amor: imagen de fascinación.
Soy una imagen para otro, que arriesga en esa transformación la multiplicidad móvil de su cuerpo fílmico.

1053
La piel azul. La piel blanca.
La piel azul que proyecta sobre nuestro cuerpo el abrazo de otro cuerpo que se desnuda.
La piel blanca de la nieve que nos cubre, con la que debemos camuflarnos si queremos adaptarnos a la realidad. O desaparecer.

1054
Dos regímenes complementarios:
De la sobreexposición. Que tiene en la proyección azul de las pantallas una silenciosa operación política de gestión de la vida.
De la desaparición. Desaparecer en la nieve, en la interferencia, el ruido de la producción incesante de imágenes.

1055
Las pantallas que miro proyectan sobre mi mirada la nieve que cae al otro lado del mundo.
Soy uno con esas pantallas, me enamoro de la nieve.

1056
What fool would feel
His cheeks burn
Because of the snow?
Would he call it
By a name, give it
Breasts, features,
Bare limbs?
Would he call it
A woman?
(Surely then he would be
A fool).
W. C. W. “Naked”.

1057
Decir: estiro el brazo.

Y con él se mueva el viento se muevan
Las ramas de los árboles avance
El río llegue al mar

Que sea viento el brazo sombra
De la ola.

1058
La araña de la trizadura brilla en el vidrio
Esconde su transparencia.

1059
Sábado 7 de marzo de 2020, Santiago de Chile. Hoy ha muerto otro hombre y su muerte es inexplicable. Podemos establecer los hechos, su cronología, identificar al responsable directo, exigir la responsabilidad institucional, las responsabilidades políticas, pero la muerte de un hombre es inexplicable. Un hombre, una mujer, un cuerpo que se expone es más que un cuerpo, una vida tomada en esa exposición es más que una vida. No es el cuerpo que deja de respirar, es la vida que va más allá de sí misma y olvida su sobrevivencia. En su sentido irreductible, a eso se llama dignidad.

1060
Hoy al ver a una mujer con un cabestrillo
recordé que cuando niño caí encima de otro
niño y mi cuerpo quebró su brazo en dos
mi mamá me obligó luego a visitarlo
y llevarle un cabestrillo blanco para su brazo
traté después de recordar sus gritos de dolor
pero no lo conseguí. Recordé sin embargo otra
cosa: que me agradecieron por ir a presentarle
mis respetos al cuerpo muerto de la tía muerta.

1061
La política es la continuación de la guerra por otros medios, escribe Foucault, invirtiendo el aforismo de Clausewitz, que dice: la guerra es la continuación de la política por otros medios.

La vida es
la guerra
silenciosa
contra
la vida. es

el amplio campo
abierto donde
continua
la vida
desnuda.

1062
Soñé que mi papá me iba a buscar por allá, a esos lugares donde me escondo del mundo, los amigos y la familia. Me sacó del grupo de desconocidos en el que estaba para contarme sobre la muerte de su hermano. Tenía la punta de la nariz tiznada, manchada de carbón. Mirándome a la cara se lamentaba profusamente sobre la muerte de su hermano, se frotaba el rostro, se limpiaba los ojos que lloraban. Esta fue la primera vez que lo vi llorar. Para calmarlo, le dije que Óscar había vivido una buena vida, que su muerte era una ocasión de celebrar su vida. Tras mis palabras, me dio la espalda y partió. Lo perseguí pues pensé que era lo correcto: ir tras de él, como él se fue tras mis palabras. Él, que me dio un lenguaje que rechacé, se iba herido por mi lenguaje nuevo, pensé. Entré a una pequeña sala de teatro o un cine destruido. Estaba sobre el escenario. Alguien lo presentó a la audiencia que esperaba su acto. Sentado, en su rodilla descansaba una guitarra gris, de cuerdas rotas. Comenzó a tocar un blues acerca de su hermano muerto. Ese fue a mis ojos el momento de su redención.

1063
Presenció el crecimiento de las uñas y la barba, sin hacer nada, como el esqueleto bajo el cuero de un caballo.

1064
La luz del sol, reflejada en lo alto del edificio de cristal, se proyecta en la falda del cerro Santa Lucía: edificio de luz sobre la calle vacía.

1065
Con las plantas, crecemos dentro, inclinados a la ventana donde el sol va y viene, paciente, secretamente enamorado de nosotros.

1066
De noche las nubes quebradas
La luna llena quebrada
En las ventanas
De la torre
Más alta.

///

De día una larga cola
De mujeres y hombres
Alrededor del alto edificio de la AFC
Espera
Para cobrar el seguro
De cesantía.

1067
A la pregunta –que como el sol sale cada día y se pone– por la muerte, una respuesta provisoria: la singularidad de la vida.

1068
Reconocí de pronto la imagen del dolor. Era la imagen del mar, de las olas golpeando la orilla. Y el cuerpo herido era arrastrado por cada una de esas olas. Y el cuerpo desmembrado se hacía parte de ese dolor sin cuerpo. Y el cuerpo erosionado, de esa energía sin organismo. Y el cuerpo pulido, de ese pulso sin órganos. Y el cuerpo disuelto, de esa materia.
Era la imagen del mar, del movimiento de las olas que se imprime en la arena húmeda y vibrante.

1069
Pongo una taza de garbanzos a remojar y trato de dormir.
A medida que la noche llega y pasa, uno a uno, los garbanzos se abren bajo el agua y suenan / como una lentísima cuenta regresiva hacia el alba.

1070
Como un molusco

Un hombre
Porta una casa

Como un hombre

Parado
En la puerta
De su casa.

1071
La forma del agua
Para quien tiene sed
La forma del sustento
Para quien tiene hambre

Una mano ofrece
El vacío que sostiene

1072
Hay un gesto que se repite en las películas de Carolina Adriazola y José Luis Sepúlveda: el gesto en el que la cámara abandona la escena. Fuera de escena, muestra el reverso de la imagen entendida como “oficial” / de los medios tradicionales / de quienes quieren exponer su verdad utilizando la retórica y el ethos del discurso público.
Esta operación crítica no tiene como objeto solo des/cubrir el valor de espectáculo de los discursos, sino, también, decir (una y otra vez) que la verdad está atada a un punto de vista / a una idea del mundo.
Por otro lado, un efecto de consecuencias más complejas: tras la escena hay otra escena, a la espera de salir del margen o la oscuridad. Encendida la cámara, el mundo iluminado abrasa la imagen.

1073
El resplandor / el momento brillante de la vida, por el que decimos: esta persona estuvo viva / vivió / vive en mi memoria.
Todos alguna vez hemos sido reflejados por el rostro de otro. Pasamos por un momento a ser ese gesto, el movimiento de ese cuerpo distinto / que se aproxima.
En ese momento, dejamos de ser nosotros (la imagen que tengo de mí para mí) para ser un cuerpo que se aproxima: el gesto que proyecta un rostro sobre otro.

1074
La verdad, para mí, es que uno se encuentra con pocos libros en su vida. Pero uno se esmera en escribirlos y leerlos con el deseo de que las palabras pesen. Como quería Nuno Ramos, que las imágenes sean cosas, “con propiedades físicas que las hiciesen hundirse” / dejar “una cicatriz física de su paso por el mundo”.

1075
¿Por qué una imagen debería hundirse?

Sin peso, las imágenes son sutiles, gaseosas; las palabras: cáscaras, láminas. Juntas: un aparato sagrado que olvidó el peso
de un cuerpo muerto.

Un cuerpo muerto. Pocas veces vemos un cuerpo muerto,
sino cifras, bajas, datos / políticas
de la muerte, discursos

sobre el bienestar,

que ocultan los cuerpos,

su peso / su capacidad de hundirse.

1076
Conocer el viento
como la rama
del árbol.

1077
Los grandes movimientos armoniosos. Las pequeñas fugas violentas. Un hueso se rompe. Una rama. La convulsión de un cuerpo. Las nubes avanzan en el cielo. El mar se eleva y desciende. La Tierra es atraída por la gravedad inmensa. Del sol que curva el tiempo. Y el espacio. Y no hay dolor. No hay angustia.

1078
Todo se mueve en diferentes direcciones.

1079
Frente a aquello
Decido no escribir

1080
Savasana es la asana del muerto. En el momento de finalización de la práctica, acostados en la oscuridad, con todo el peso del cuerpo sobre la tierra, tratamos de dejar de pensar, concentrándonos en la respiración.
En ese momento, en el que uno desea dejar de pensar, asaltan imágenes. Primero, las preocupaciones del día que, más o menos inmediatamente, se cancelan cuando la atención se sitúa en el aire que entra por las fosas nasales. Después, se avecinan recuerdos frecuentes. Otras veces, uno cree descubrir alguna cosa, algún matiz, una nueva cara entre esos recuerdos.
Hoy recordé la imagen de una persona. Más específicamente, recordé y ese recuerdo fue un reconocimiento: alguna vez la amé, en el pasado, como la amaba ahora, sin saber, mientras permanecía muerto.
Por supuesto, ese recuerdo también perdió importancia.

1081
En el encierro, pregunto: ¿cuál es el espacio que debo atravesar, hacia la casa inmensa / del afuera?

1082
Tomo un vaso de agua lleno.
Inclino la cabeza y con ella el cuerpo.
Atraviesa el sol el vaso.
Se disuelve en el agua. Bebo.
Ilumina el sol el resto
del departamento / a mi espalda.

1083
Todo
Lo que veo
Y dejo

Todo
Lo que veo
Y dejo
De ver

Veo.

1084
La hoja se desdobla para ocupar su lugar en la rama.

1085
Al despertar, sentado sobre la cama, veo en la pared las líneas de pintura craquelada, sus formas y patrones: rayo – tormenta; raíz – micorriza; ola – mar.
El sol, que choca con el muro exterior sobre el marco de la ventana, proyecta luz y sombra en la pared.
Forma y patrón, luz y sombra son la materia del mundo aquí dentro.

1086
Une la espora
Naranja
Y manzana.

1087
En el balcón de enfrente, detrás de la cortina que el viento a veces eleva, una mujer grande lee por las tardes.

1088
temprano, llegó a la peluquería un joven delgado y pálido

un intelectual anarquista o aspirante a intelectual

su pasión es la lectura

lee más que nada novelas y a veces poesías

Daniel

casi elegante, su elegancia consistía en que su ropa, hasta su corbata con nudo de mariposa, era de color negro

un poeta revolucionario

leyó

las palabras las rimas las metáforas resonaron contra las paredes de adobe como truenos

este es el poeta cohete.

Por intermedio de indicios, de manera paulatina, con el respeto que se tiene por una persona digna de respeto, introduce Manuel Rojas a Daniel Vásquez, seudónimo de José Domingo Gómez Rojas, en el segundo capítulo de Sombras contra el muro.

1089
"Vimalakirti, que superó a todos los discípulos del Buddha por la hondura de su entendimiento. Fue más lejos que todos los demás discípulos y Bodhisattvas al contestar una pregunta acerca de la naturaleza de la realidad no dual con un 'tronante silencio'. Vimalakirti 'en su silencio de trueno' es también un tema de los pintores zen".

1090
Una mano
es un cuenco
un recipiente
de agua un espejo
media piedra
para quien posee
una piedra rota.

Sobre todo
una mano
es una mano.

1091
El problema de entrar a la casa inmensa del afuera.
Para entrar a una casa primero debemos entrar a una casa.

1092
Escucho el aleteo de las palomas y giro la cabeza.
Veo el reflejo de su vuelo en la ventana, sobre la malla de metal de la jaula que las atrapa.
Esta imagen dura un segundo.
Un segundo tardo en ver la estructura metálica de las ventanas del alto edificio en frente, reflejado también en esta ventana.
Pero no toda jaula es aparente.

1093
Un edificio es al sitio baldío lo
Que la palabra al espacio en blanco

Escribió Soledad Bianchi
Acerca de La Ciudad
De Gonzalo Millán.

Un edificio es al espacio blanco
Lo
Que la palabra al sitio baldío

Un edificio es a un sitio
Lo que la palabra
Al espacio

-Es lunes-

Un edificio es al blanco
Lo que la palabra al baldío

-18 de mayo-

La palabra es al sitio baldío
Lo
Que un edificio al espacio blanco

-En las poblaciones-

La palabra es al blanco
Lo que un edificio al baldío

-La gente protesta-

La palabra
Es un edificio blanco
Un espacio baldío

-Por hambre-.

1094
Una mujer riega sus plantas, consciente de que llovió toda la noche en frente.
Un hombre escamotea un cigarrillo a la falda del cerro, sube
por el sendero que otros allanaron, se pierde
en la espesura del paisajismo.

1095
Alimentado el miedo, / el enemigo avanza. / se intensifica su marcha, / se fortalecen los cercos / intercomunales. / el enemigo cuida / la llegada de la noche.

De la guerra no sabíamos nada, / nada del enemigo sonriente, / nada del asesino amable: / la guerra era la vida / como la conocíamos y no / conocíamos sino la guerra.

En momentos en / que la gestión de / la vida se hace visible, / se revela la guerra / como estrategia sin tiempo.

Para el político para / el poeta para / el filósofo es / fácil insuflarse / de esta / retórica / que valida la violencia sin condiciones / reflota / el deseo de un poder central / el deseo del sacrificio.

Pero ante la guerra sin tiempo / ante la violencia original / ante el cuerpo sagrado. Ante / todo este deseo por lo trágico, / aparece otra evidencia, otra / realidad: el cuerpo como cifra; / la muerte como estadística; la / política como recuento.

El enemigo carece de toda dignidad. / su maldad más grande: / desconocerse como enemigo.

1096
El sol -que aparece tras la lluvia en medio de las nubes- hace nítido el borde de la hoja / caída a los pies del árbol, en la falda del cerro.

1097
Lo que llaman crisis -queriendo decir “cambio profundo” / “intensificación brusca” de una situación adversa- reflota la injusticia hecha cuerpo en la vida precaria. Son estas condiciones (de trabajo, de salud, de vivienda) los productos de una jerarquía social naturalizada en el mito del trabajo (duro). Se llama crisis a las condiciones que esta jerarquía social no puede sino alimentar pues son ellas su alimento. Federici, Rivera Cusicanqui, tantxs otrxs, lo han dicho: el capitalismo / el colonialismo es la crisis. No la excepción, sino la norma. En este sentido, la crisis es una herramienta de transformación de los poderes económicos.
En el lapso / en la grieta, frente a la que algo / alguien se detiene, ¿qué queda / de nosotros?

1098
Hasta el momento en que Gutiérrez, el joven escritor José Santos Gutiérrez [González Vera], decide dejar la casa familiar y le propone arrendar una pieza en un conventillo, Aniceto no había sino vivido apenas, en algún rincón entre Buenos Aires, Valparaíso y Santiago. Esta pieza donde comparten una cama de una plaza y media, dos sillas y una mesa en la que José Santos escribe y fuma por las noches, mientras Aniceto se sumerge en el sueño, abiertas las páginas de un libro, es su primer hogar o algo parecido a un hogar.
José Santos es narrador, Aniceto escribe poemas que se deslizan por los agujeros de sus bolsillos para perderse también en su memoria. Por las mañanas se reúnen con Sergio en la falda del cerro San Cristóbal para ejercitar el cuerpo: suben caminando y bajan luego corriendo para ir a trabajar a la imprenta de la revista Numen, propiedad del poeta Juan Egaña.
Duermen juntos, asean sus cuerpos uno al lado del otro, dialogan sobre literatura y política, siempre juntos, al menos por un tiempo. En la conversación que mantienen antes de acordar esa vida precaria, pero libre, en común, se preguntan el uno al otro si tienen “inclinaciones hacia la homosexualidad”. “NO”, responden con mayúsculas. No hay una relación sexual entre ambos, sin embargo, se llaman a sí mismos los “convivientes”.
Es la segunda década del siglo XX en Santiago de Chile y Aniceto -a pesar de haber experimentado relaciones heterosexuales pasajeras y frustradas- nunca ha manifestado ningún deseo por una mujer.
Es la segunda década del siglo XX, los hombres jóvenes mantienen, a veces, este tipo de relaciones homosociales y, a veces, las dejan para encontrar un trabajo estable, formar una familia e ingresar a la política, los discursos, la vida institucionalizada. A veces también dejan una vida u otra: allí se convierten, a veces, en “enfermos o viciosos, borrachos, cafiches u homosexuales”, en suma: en los seres humanos (“desnutridos, abandonados, sin preparación ni destino”) que conforman el “submundo extraordinario, pero un submundo humano” de los conventillos.

1099
14.06.2020/14:17
Te pueden matar por el color de tu piel
Te pueden matar porque eres pobre
Te pueden matar por tus prácticas sexuales
Te pueden matar por tu sexo
Te pueden matar por tu género
Te pueden matar porque no eres valiosx
Te pueden matar porque no tienes dignidad
Te pueden matar porque no quieres ser como ellxs
Te pueden matar porque tu cuerpo coincide con tu deseo, pero no hay una palabra para decirlo
Te pueden matar por desobedecer
Te pueden matar por decir no

1100
El enemigo puede ser la intervención extranjera, el narcoterrorismo, lxs estudiantes, trabajadorxs y desempleadxs o un virus. La referencia de ese enunciado: “el enemigo”, puede variar, su contenido carece de importancia, lo importante es que este enemigo sea implacable y sea poderoso.
El enemigo es la matriz de esos discursos (de la seguridad, el orden, la normalidad, el progreso), la garantía que valida sus aseveraciones sobre lo real.
Tres puntos:
El lenguaje no está separado de la realidad. La idea del enemigo sirve como argumento para justificar ciertas acciones (la persecución, el ejercicio performático de la fuerza, el encarcelamiento, la muerte) y no otras.
El enemigo es una matriz discursiva. Sin esta figura, se pondría en riesgo su concepción del mundo.
El de la guerra sin tiempo, del enemigo perpetuo (cf. Ruth Wilson Gilmore) es un discurso históricamente situable. No es la única alternativa frente a los problemas de la sociedad, la única realidad posible.

1101
savasana

acostado en el suelo
por un segundo inmóvil
como un sudor de agua que
ante la inminente llegada
de la manada sedienta
comienza a temblar.

1102
En contados momentos a lo largo de las más de mil páginas de la tetralogía -momentos de emoción, de abatimiento, momentos (como se dice abusando de la cursilería) de profunda tristeza-, en esos momentos, el narrador habla.
No escribe ya, habla, interpela a Aniceto, se descubre como una manifestación del personaje que, luego de vivir toda una vida (toda vida se inscribe en la historia, aunque la historia no diga nada acerca de cada una de nuestras vidas), tras todo ese tiempo, decide hablar.
Son los momentos en que reflexiona sobre su herida (social y política, existencial y física), en los que come tras padecer hambre, en los que aprende el oficio de la linotipia, en los que recuerda la muerte de María Luisa, la madre de sus tres hijos.
Debajo está la biografía de Manuel Rojas, por supuesto, indistinguible en mi experiencia de Hijo de ladrón o La oscura vida radiante, sin embargo, no es su vida vivida lo que aparece en esos momentos, sino más bien una pregunta: ¿cómo dar cuenta de la vida, que es lo único que con certeza se tiene?

1103
el cielo se vierte en el jarro oscuro
de agua como en el charco donde un pez
blanco vuela

1104
Era aún de día, a la intemperie, cubiertos por pieles de conejo, nos preparábamos a dormir a la orilla del lago, sobre la piedra más plana. Fumarola del volcán, corona del horizonte los montes verdes. Más allá el mar de montes verdes. Cada pétalo lleno, de agua cada yema vegetal. Tú explicabas todas estas cosas a la recién nacida, y nosotros escuchábamos, inadvertidos:
monte verde
cuero del conejo
pupila lacustre
piedra plana
sacrificial.
Mi hermano y yo sabíamos del calor que habita al centro del frío. Todo estaba limpio, lavado por la lluvia.

1105
Soñé con un gato azul recién nacido, uno de una camada de gatos azules. La ternura más inmediata se hizo dueña de mi cuerpo. Mis manos y mis brazos fueron entonces en completo éxtasis, fuera de sí.

1106
¿qué animal continúa su marcha recta,
y con ella el polvo, la brizna de hierba
rasgada con ella? animal incorpóreo,
imagen del gran felino que tuerce
el cuerpo en el aire al cambiar
abruptamente
de dirección.

1107
¿cuánto tarda
una piedra
-húmeda,
oscura-
en disolverse
bajo la lengua?

1108
En el momento de abrir los grandes ojos al alba -en el sueño-, lo vi venir, surcar el horizonte, cruzar el umbral hacia el patio: un perro nuevo.
Lo vi perseguir saltamontes, escarbar la tierra, remover piedras con el hocico en busca de gusanos. La tierra era húmeda bajo las piedras y húmeda en su superficie. Nos entendíamos, yo era más bien una proyección de su deseo, sombra de perro y él, perro en camino de ser humano. Estaba yo prendido de su sombra amplia.
Continuó comiendo insectos o creciendo simplemente en su ejercicio de verdugo. Era una muerte ingenua para él, feliz para mí también, pero las vísceras, el centro tibio de los insectos no dejaba de conocer el aire tras crujir el exoesqueleto, romperse las patas o quedarse las antenas entre sus colmillos.
En un momento cosechó una cucaracha del tamaño de su pata entre las flores del jardín. Descubrió conmigo al empujar una piedra lisa, un túnel oscurísimo frente al que se detuvo. Un túnel que la luz como un líquido viscoso tardaba en llenar. Vimos la boca de ese túnel oscuro moverse como un animal fantástico, sin piernas o cabeza, sin cola ni lomo, sin deseos, una expansión pura de sí mismo. Atacarlo suponía desestabilizar el suelo que nos había mantenido por tanto tiempo en pie.

1109
Desperté de mi sueño con la siguiente revelación:

Sé el cuerpo que espera
Porque siendo ese cuerpo
La espera acaba.

1110
El viejo perro negro
en el hueco de su cuerpo
hundido bajo el sol

le hago sombra
pero no se molesta

conmigo siempre manso
como con todo
quien le fuera conocido

acaricio su lomo negro
y no se molesta

resopla la hierba el verde
pelaje de la Tierra

ese otro animal conocido

a contrapelo el pelo grueso
y duro de las canas
en el verde lomo
en el pelaje negro.

1111
volteé y vi fuera
la fuerza de la corriente
no fui yo entonces
ni este o aquel
niño u hombre
joven y viejo
todo a un tiempo

1112
Buscamos a veces
Cuando el dolor es
Concreto e imponente
Elaboradas formas
De decir:
En verdad
Te extraño

1113
Había otro perro
Bajo la mesa
Sin nombre huraño

Cuando le llamaba
Sin embargo
Venía se dejaba
Acariciar un rato

Era ese perro
También yo?

1114
EL RUMOR DE LA MÁQUINA / LAVADORA
EL TRINO DE LOS PÁJAROS
EL ZUMBIDO DE LOS AUTOS
EN EL CAMINO DE CINTURA
SE SUPERPONEN / SOBREIMPRIMEN
SUCEDEN A UN MISMO TIEMPO

1115
Hoy pasó algo hermoso. El primer
impulso fue correr / a escribirlo pero
me detuve. Tanto por
la modorra de la mañana del domingo como por-
que estas cosas pasan todo el tiempo
y nadie las cuenta las escribe o las
registra y está bien.

1116
La madeja de yute
Tras la lámpara
De luz cálida
Señala el centro
De un bosque

1117
Necesito que me digas que
mi vida es necesaria. Tu vida
hermana/hermano es necesaria
invaluable irrepetible como
la yema de la hoja como
la nervadura de tu dedo.

1118
Levanto la cabeza del computador y veo la algarabía de las moscas que me rodean.
Digo: las moscas que me rodean, como si fuera yo el centro de su mundo satelital.
Miro nuevamente y allí estamos juntos: revoloteando ellas y moviéndome yo, a mi propio ritmo.

1119
Qué con las bolsas de agua las
Botellas transparentes llenas
De agua en los umbrales de
Algunas casas para espantar
Las moscas los domingos frutales

Pues ven su reflejo y se asustan
Me dijeron una vez cuando chicxs.

1120
También vi cerca de esas casas
-rurales cercanas a Santiago-
algún racimo de uvas
estratégicamente situado lejos
de la casa pero a la vista
abrazado por un enjambre de moscas

1121
Un enjambre de uvas
Un racimo
De moscas

1122
Luego de hablar brevemente con mi papá, pienso que pronto debe jubilar. Vivir esa etapa transitoria. Comenzar a despojarse -entre otras cosas- del miedo ante el deterioro del cuerpo. Supongo que en algún momento aquella experiencia, que llamamos, a veces, simplemente, vida, se transforma en otra cosa. Quizás en un reconocimiento. La muerte está aquí, indisociable del cuerpo que recibe el calor del sol, el calor de otros cuerpos, la satisfacción de la comida y la bebida, el sentimiento amable de la comodidad, el placer sexual, el goce sensitivo que ofrece el viento, el olor del mar, el pasto o la primera lluvia del año. Todo aquello por lo que sonreímos, abrimos la boca, los ojos; las pupilas se dilatan, las manos se abren los brazos, extendemos la espalda, se tensan los músculos, transpiramos, se relajan; hablamos bajito o para adentro palabras amorosas. Pero luego tiembla la voz de tu padre al otro lado del teléfono, como la tuya a este extremo, y piensas que es difícil, porque nunca han sabido comunicarse de esta forma, pero lo intentan aunque no puedan el uno ni el otro decir lo que callan: es el cuerpo, su exultación, parte del miedo.

1123
papa/dada/baba

Dos perros
Negros de pelaje
Corto y liso
Se persiguen
Juegan a
Morder
Practican
El olvidado arte
De la caza

1124
El mundo continúa. Son pequeños signos. Es la noche del sábado. Algunas personas vuelven a sus casas. El ruido de sirenas a lo lejos se aproxima, mientras los pesados pasos se detienen frente a un umbral. Voltean la cabeza. Una patrulla o un carro de bomberos deja una estela de sonido y luz. Todo continúa. Pero el camino es pesado. Las lágrimas son inevitables. Tiraron un niño desde el puente al río.

1125
El río toma
A quien cae
En sus brazos
Le lleva consigo
Le mece le ayuda
A conciliar el sueño

1126
Volver a la normalidad. Acostumbrarse a una nueva normalidad. Pero esta es la normalidad.

1127
Todo todo
Pasa en medio
De la fiesta.

De pronto no
Estamos alguien
Pregunta por
Nosotros.

Es lindo escuchar
La música
Apagándose
A lo lejos.

1128
¿Quién el que no tiene
A dónde ir quién
El que no habla ni
Escucha el que no
Llora

Y sin embargo
Mancha
La sábana que
Le cubre el
Suelo
Que hunde?

1129
Mirando por la ventana, sin atención: el sueño de un libro antiguo. Que hojeo expectante, como quien se interna en el mar, inseguro de su destino o de sus fuerzas.

1130
John Donne dijo
No man is an island
Entire of itself.
Valerie Solanas
Por otra parte escribió:
Every man is an island
Trapped inside himself.
Yo observo los límites
De este cuerpo
Sin continente sin mar rodeado
Que se detiene
Ante el deseo de otrx.

1131
Oración

Este grano para las mañanas
La infusión de esta rama un cuenco
De setas y semillas el hueso
Blanco del mango y el durazno
Esta yerba esta yesca este polvo
Estas cenizas para que recuerdes
A tus muertxs para que perdones
A quien te ha hecho tanto daño
Esto ofrezco esto deseo para ti.

1132
Zenrin-kushū

Esta imagen
Esta hoja blanca
Corresponde a la imagen
De una cabalgadura.
Sobre la cabalgadura
No hay jinete
Bajo ella
No hay caballo.

1133
Volví a soñar con un perro negro. Este perro soy yo. O, más bien, yo soy él, perro en forma humana: a quien más ama y más teme. Estaba en mis brazos, yo era un niño, él, un perro grande. Le llamaba antes, con tristeza. Iba a morir. Él y yo. Estuvimos abrazados mucho tiempo -menos que una noche, lo que dura una vida en sueños-, consolándonos mutuamente, haciendo el duelo por la muerte del otro. Luego desperté, que es otra forma de morir, en sueños.

1134
En “Nos han dado la tierra” de Juan Rulfo leo:
“Somos cuatro. Hace rato como a eso de las once
éramos veintitantos; pero puñito a puñito se han ido
desperdigando hasta quedar nada más este nudo
que somos nosotros”. Hace rato había estado viendo
en Google Maps el lugar que ocupo en el mundo
(un punto aproximado en ese mapa es mi lugar en el mundo),
rodeado por líneas punteadas que representan calles,
puentes, autopistas, límites comunales, regionales,
largos ríos quebradizos y fronteras. Así como algún
punto del mapa señala el lugar aproximado de mi cuerpo,
otros indican esos puñitos, puñados, nudos de mujeres,
hombres jóvenes y viejos, en los puntos de ilegalidad
que dibujan las líneas de las naciones.

1135
Hoy recordé
El siguiente poema
Del Bosque Zen:

Una luna
En cada charco;
En cada charco
La luna.

Al ver frente al Palacio
de La Moneda el carro
Lanzaguas blanco.

1136
Me acuesto a mirar el cielo el tiempo que demoran las nubes en dispersarse.
Cuánto tiempo es ese tiempo no importa. Es el tiempo del presente, que dura lo que dura.

1137
Una habitación flota entre las nubes esta noche, como un sol tenue, hace miles de años muerto.

1138
Tenía 22 años, quien lanzó del puente al río al que cuenta apenas 16; 24 quien asesinaron hoy en Padre Las Casas. José Ricardo Ahumada tenía 22, cuando cayó, atravesado por una bala, en abril de 1973; 24, José Domingo Gómez Rojas, cuando murió apresado en la Casa de Orates de Santiago, hace 100 años.

1139
13.11.20 / 07.45

Una caja de cartón abierta
Crucificada
A la sombra
Del cerro

1140
un automobile ruggente

Por un instante
El ruido del motor
Coincide
Con el movimiento
De las nubes.

1141
Desde el gobierno califican de “utensilios” a las armas (revólveres automáticos, entre ellas, subametralladoras, una UZI), cascos, escudos y chalecos tácticos con el signo de Patria y Libertad que encontraron en el allanamiento de las viviendas del grupo fascista que amenazó de muerte a la fiscal Chong.
Siempre me ha llamado la atención esta confianza que la derecha (y la política en general) deposita en el lenguaje. Así como se dijo que el adolescente “cayó” al río, por ejemplo, no demasiadas medidas prácticas o efectivas se tomaron en el momento en que se cambió el nombre al sistema de transportes Transantiago por RED, conservando su estructura y funcionamiento.
Es una confianza adánica, casi ingenua, que haciendo uso de su palabra [de su voz de mando] quiere volver a crear el mundo.

1142
Por el sonido -que esta mañana vuelve a desconcentrarme de la lectura- reconocemos la distancia y el espacio / ocupado por grandes cuerpos sólidos, como el cerro y los edificios; lugares de paso abiertos por donde fluye el cardumen mecánico de los automóviles; espacios densos como las copas de los árboles en las que centellean más allá pájaros pequeños. El sonido es profundo extenso / visual esta mañana.

1143
Una mosca toma mi cuerpo por la yema del dedo entre sus patas / y me eleva en el aire.

1144
La respiración es una larguísima calle
Entre el hogar y mi deseo
Más allá del horizonte.


*
Murió al final del invierno
Conoció un compañero
Que la quiso

Compartió con él frutos
Secos y semillas

Plantas frías
Como piedras de río

Tuvo cuatro hijos
Vivió alrededor de cincuenta años

*
Soñó sobre su cama
Como todos soñamos
En camas distintas

Leyó en los inviernos
Para recuperarse
Del frío o la gripe

Amó sin reservas
A sus amigas y amigos
A sus amantes y sus libros

Se levantó a diario
Para salir a la calle
Volvió siempre a una cama u otra
Como todos volvemos
A nuestras camas

*
Sufrió
Dicen que fue para mejor
Alguna vez plantó
Su mano en la tierra

Cavó una tumba
Para un pájaro muerto

*
Recogía aparatos obsoletos
Que convirtió en partes funcionales
De mecanismos imaginarios

Recogió de la calle
Basura vibrante

Apreció también los frutos
Del mar y las tardes de descanso

De su descanso nada más supimos
Ni de sus sueños

*
Murió el padre
Sin llegar a conocer a sus nietos
Se fueron las hijas y los hijos
Murió la madre

El silencio por fin tomó la casa

Brotó de los orificios, de todas
Las orillas bajo todos los muebles
El habla de los invertebrados

1150
Tras un día o dos de permanecer callado o, más bien, sin poder decir una palabra, limpio la casa, limpio mi cuerpo, en silencio.

Pienso que este diario debería honrar esa incapacidad de decir que conduce a la práctica del cuidado y el oído.

Imagino, entonces, un libro. Un libro en el que cada hoja en blanco representa un día. Páginas blancas en las que los pájaros despliegan su canto y el viento golpea la ventana, en las que reverbera el murmullo humano.

En este libro, yo elijo de alguna manera reducir mi movimiento, consagrándolo al aseo del espacio en el que despierto, como, observo y escucho pues, después de uno o dos días, sé que no es necesario que diga nada.

1151
Ayer, durante halasana, la postura del arado, el peso del cuerpo depositado en la parte superior de la espalda, el cuello y los hombros formando una base triangular, las piernas sobre la cabeza hasta el suelo, sentí la apertura del pecho. Fue una apertura tanto física, de los huesos y los músculos, como de la memoria. La apertura a un recuerdo difuso o, más bien, a una sensación olvidada, de seguridad y calma.
Hoy. Hablamos con mi mamá por teléfono, de la pandemia y la representación bienintencionada de la violencia en la tele. Luego, del humedal de La Chimba en Antofagasta, de los animales endémicos de la zona, diminutos caracoles y arañas, como murmurados al desierto. De las aves que en sus viajes migratorios bajan al humedal a descansar y alimentarse. De otros pájaros vistos por la ventana, de los que apenas sabemos sus nombres, pero son siempre una sorpresa, un regalo íntimo que atesoramos y compartimos.

1152
Frente a Buda, todxs preguntan por el camino de su propia liberación. Algunxs reciben la respuesta con malestar, sacando a relucir su observancia, su vida recta. Otrxs la reciben con dicha. La respuesta, como la pregunta, es siempre la misma.

1153
Cantan los pájaros y un viento entra
para hacer volar las hojas sobre la mesa
las hojas de la palmera enana y la en
redadera las hojas del potus y la mala
madre también conocida como araña
cinta o lazo de amor.

1154
Abren los arbustos sus ramas para acompañar el paso del viento. Animales pequeños le siguen. Adheridas a su pelaje, transportadas por el viento, semillas y esporas se unen a la caravana. Muchas semillas van a dar a un suelo demasiado seco o demasiado húmedo, otras hunden su brazo en la tierra y crecen arbustos en el sendero.
Vistos desde las alturas próximas, simulan a la gran serpiente, que el movimiento agitado de las ramas hace visible como una amenaza: no interrumpas el camino del animal mítico, no quieras ver aquello que es invisible; pero la ciudad crece con las semillas, todo parece al alcance de la mano.

1155
En la tostaduría me atiende la señora mayor, a quien compro dátiles y almendras. Al despedirme soy excesiva / mente amable pues ciertamente / no debería estar trabajando, aunque quisiera, para unx u otrx jefx, sino en cualquier otra cosa, en otra parte cualquiera, escribir / tal vez el libro de su vida, imaginada o vivida. Pero qué sé yo y qué me meto también.

1156
¿Cómo serían todos esos libros, largos o breves, más o menos alejados de la estética del tiempo: de frase corta, verbo simple, autocentrados y nostálgicos; escritos en el umbral de la muerte?, ¿reafirmarán la ideología familiar, cada uno idéntico al otro, el discurso heterosexual y sus universalismos?, ¿serán legibles en serie, articulados por clase social y año?, ¿aparecerá el país, el continente, la lengua y bajo qué signos?, ¿quiénes los leerán una vez muertxs también sus herederxs?, ¿anunciarán ellos las nuevas formas de una justicia excéntrica?


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