Orilla de los grandes ríos

Víctor Quezada

Diario abierto (2019)

Hacia el año 2009 o 2010, comencé a anotar el presente, sin mayor propósito, sin ninguna rigurosidad o frecuencia preestablecida. He decidido, ahora, exponer esos apuntes que brotan cuando se “deja de escribir”, la escritura que media la distancia entre un libro y otro, bajo la condición de continuar con esta práctica y publicar esas notas por lo menos una vez a la semana durante un tiempo indefinido.

Este es un diario abierto.
Junio, 2016.

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890

Cibus, somnus, libido, per hunc circulum curritur. “El hambre, el sueño, el deseo, ese es el círculo en cuyo interior giramos” (Séneca. Epístola LXXVII).


891

Rodeamos la pista de aterrizaje como una gran ave rapaz a su huidiza presa.


892

Rompemos una nube. El sol proyecta la sombra del avión sobre esa otra sombra opaca.


893

Las nubes huyen de la ciudad para cubrir el bosque.


894

Carreteras, caminos, senderos que penetran la espesura conducen hacia el claro del bosque, de donde los animales huyen.


895

Volamos sobre el vellón de nubes. El cielo es el gran lomo de la blanca alpaca.


896

El cielo continúa en el río invertido. En el río, vemos el rostro del asombro y el espanto.


897

En el bosque, surcos por donde el humano ha abierto camino, claros donde deidades y daimones aparecen, donde nos sentimos arrojados e inermes, donde el animal viejo va a morir.


898

Rodeamos y rodeamos la pista de aterrizaje a la espera de que escampe. Mientras, miro las nubes lejanas y visualizo formas de animales gloriosos a los que temo y amo como a un padre muerto, proyecto mi ego sobre las nubes, creo ver a dios como un hombre desesperado por la soledad ve a dios en todas las cosas, el sol me toca tras sortear las nubes y el sagrado gran ojo de este pájaro de incontables ojos. Me vuelvo loco.
La voz del capitán interrumpe esta manía. Han autorizado una nueva aproximación a la pista de aterrizaje. El aire sube por las alas y descendemos.


899

Somos esa sombra que remonta los verdes cerros. Allá abajo, en algún claro, un animal mira al cielo con miedo y corre.